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El impacto de la pandemia en la salud mental ha permitido abrir la conversación sobre un tema que influye directamente en la experiencia de la fuerza laboral. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud consiste en un estado completo de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Especialmente en esta época del año y, aunado a la prolongación del confinamiento por COVID-19, algunos desórdenes como la depresión estacional (seasonal affective disorder, SAD) y la ansiedad podrían cobrar una factura alta para el talento y, por lo tanto, afectar los resultados de las organizaciones si no se toman acciones oportunas y contundentes. En este año atípico, ¿qué impacto podría tener la salud mental en el bienestar en los colaboradores y líderes de las organizaciones, y cómo apoyarlos?

Productividad y ROI

Según nuestro estudio 2020 CEO Outlook, 1 los directores generales en el mundo coinciden en que, a raíz de la pandemia, uno de los principales riesgos para el crecimiento es la gestión del talento, y reconocen que perder personal clave o lograr motivar a colaboradores especializados impacta profundamente en los resultados de la empresa a largo plazo. En este contexto, la Alta Dirección se preocupa por el bienestar físico, mental y emocional de la fuerza laboral, los riesgos psicosociales deben identificarse y documentarse no solamente para el cumplimiento regulatorio, es importante considerar el impacto directo que tienen en los niveles de productividad, el desempeño y la calidad de los procesos y actividades que desempeñan los colaboradores y líderes de las organizaciones.

De acuerdo con un estudio de la OMS2, los trastornos por depresión y por ansiedad cuestan a la economía mundial USD 1 billón anual por pérdidas en la productividad.2

¿Cómo evitar el presentismo y ausentismo provocado por un deterioro en la salud mental ya sea por agotamiento, temor, estrés, ansiedad o depresión?

Al estarse institucionalizando el trabajo a distancia, un reto fundamental para 71% de las organizaciones es la confianza en la capacidad de autogestión de acuerdo con la encuesta Gestión de Talento ante nuevos esquemas de trabajo KPMG 2020. Para favorecer la productividad es importante que la gente no desarrolle el síndrome del impostor, sino que mantenga la confianza en sí misma y en su aportación a la empresa.

 

Por su parte, las organizaciones deben considerar la revisión, análisis y actualización de su propuesta de valor a los colaboradores (employee value proposition, EVP), sus procesos de Recursos Humanos (RR.HH.), los estilos de liderazgo y el clima laboral, que pudieran estar impactando directamente en la salud y el bienestar integral de la gente incluyendo, especialmente en lo que toca a su salud mental. Además, este esfuerzo conlleva un retorno atractivo y contundente, ya que por cada US$ 1 invertido para mejorar la salud mental de los colaboradores se obtiene un rendimiento de US$ 4 en la mejora de la salud y la productividad, de acuerdo con el estudio citado de la OMS.

Concientización y educación

Resulta indispensable desestigmatizar las enfermedades mentales, y un primer paso es la capacitar y hablar del tema, lo cual no debería avergonzar a las personas, sea cual sea su posición en la empresa. Hay temas que se consideran tabú, como la depresión y la ansiedad, especialmente porque se asocian al bajo desempeño, por lo que resulta fundamental aceptar que existe este reto y brindar ayuda al talento que enfrenta múltiples fuentes de estrés, incluyendo el temor al contagio y a perder el empleo en medio de una crisis sanitaria y económica. La capacitación sobre el tema permitirá reconocer síntomas y signos del deterioro de la salud mental y ayudará a los líderes y colegas a estar alerta no solo ante el estado de otros, sino del propio.

Cultura de salud

Promover una cultura de salud y bienestar integral será clave para hacer sostenibles los resultados de una renovada Propuesta de Valor al Colaborador (Employee Value Proposition EVP) que contemple la salud mental. Será necesario reconocer y promover los beneficios directos de iniciativas relacionadas con la salud física, así como la incorporación de rutinas, comportamientos y hábitos, como pausas activas, ejercicio, meditación y sana alimentación, ya que esto tiene un impacto directo en la salud mental y más aun reforzando con los líderes la importancia de dedicar tiempo a dichas actividades con sus equipos. Asimismo, balancear las cargas de trabajo, respetar los horarios laborales y el derecho a la desconexión, como se establece en la reforma para regular el teletrabajo, permitirá el adecuado descanso y la disminución de trastornos del sueño, logrando impactos positivos en la salud mental, el bienestar y productividad de la gente.

Atención y redes de apoyo

Existen múltiples formas de ayudar y, lo más importante, concientizar sobre la atención que se puede y debe brindar como organización para el cuidado de la salud mental del talento. El primer paso es contar con un equipo dedicado, redes de apoyo y servicios especializados que brinden desde la ayuda más elemental, como la escucha activa, hasta la orientación hacia la atención médica especializada, como por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual. Esto es fundamental si se quiere fomentar la salud y ayudar activamente a los colaboradores a salir adelante y evitar el deterioro de su estado mental y emocional. Además, hay que tener presente que la depresión está entre las principales causas de discapacidad, según la OMS. 

Empatía y personalización

El aislamiento provocado por el confinamiento pudiera ser más difícil de sobrellevar para algunos. A este se suma la angustia continua para quienes tienen familiares laborando en el sector salud, o los que han vivido el contagio o deceso de alguien cercano, o se han enfermado. Esto podría estar afectando su salud mental, emocional y su experiencia como colaboradores.

Resulta clave no asumir que las personas se han adaptado de la misma forma al confinamiento, ya que los contextos individuales son distintos. Solo podrá lograrse la empatía si se tiene conciencia de que cada colaborador asimila y vive de manera diferente un momento como el actual, y que no existen fórmulas generales para ayudar a mejorar su experiencia, ya que esta debe ser personalizada y delinearse a la medida de cada situación y en consonancia con la cultura organizacional.

Sin duda, la solidaridad y la empatía permitirán abordar los desafíos en el día a día, siendo la educación un componente clave para lograrlo. Adicionalmente, la atención, el seguimiento profesional y el establecimiento de métricas para dar soluciones precisas, harán la gran diferencia en la experiencia tanto del colaborador que trabaja desde casa debido al confinamiento, como de quienes asisten a los centros de trabajo, con las medidas sanitarias adecuadas para proteger su salud y su vida.

No se debe desestimar la importancia de la salud mental en la vida personal y profesional de los colaboradores y, sobre todo, es importante actuar en consecuencia, actualizando la Propuesta de Valor para el Colaborador (EVP), definiendo, implementando y comunicando las acciones necesarias.

Reconocer los retos que en temas de salud mental y emocional se viven en la pandemia permitirá no solo ayudar a transitar esta etapa sui generis, sino a fortalecer el entendimiento de cómo las emociones afectan a la persona y, con base en ello, replantearse la cultura organizacional, aceptando que no se puede disociar el impacto que tiene en la salud mental lo que un colaborador experimenta a nivel personal y profesional en tiempos de crisis.

 

1 2020 Global CEO Outlook. Redefinir el Liderazgo, Edición especial de COVID-19, KPMG, 2020.

2 https://www.who.int/mental_health/in_the_workplace/es/

3 El futuro de Recursos Humanos en la nueva realidad. Es hora de empezar a jugar a largo plazo, KPMG, 2020.

 

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