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La naturaleza humana hace mucho tiempo ha interpretado el riesgo como algo que debe evitarse o mitigarse. Por tal razón, la idea de que una empresa busque deliberadamente exponerse a riesgos puede ser un poco inquietante. 

El mundo como tal puede ser un lugar aterrador. Difícilmente podría identificarse una empresa hoy que no sea vulnerable a disrupciones en la cadena de suministro, inestabilidad geopolítica, concentración del poder digital, desigualdad en el acceso y uso de la tecnología, fallas en las estrategias de ciberseguridad, fallas en las acciones o medidas de mitigación al cambio climático, crisis financieras, daños reputacionales, cambios en la fuerza de trabajo, fraude o conductas inapropiadas de empleados o directivos, entre muchas otras. El año 2020 fue testigo de cómo un problema de salud perjudicó las economías de todos los países y afectó negativamente a muchas empresas.

Los signos de cambio: Encontrando oportunidades en los riesgos

Vivimos en un mundo en el que el internet de las cosas, el big data, el blockchain, la banca digital, billeteras digitales, la telemática, la robotización, la inteligencia artificial, el machine learning, drones y aplicaciones basadas en nanotecnología, están cambiando el modo en el que participamos en la economía y en la sociedad. A partir del 2020, la pandemia causada por el COVID-19 impulsó un cambio disruptivo en la sociedad y la economía aceleró precipitadamente la transformación digital, ya no vista como una ventaja competitiva, sino como una necesidad. 

No solo se trata de la tecnología, también se han presentado cambios dramáticos en los modelos de negocios, modelos de precios, reestructuración del mercado y servicios, expectativas de clientes, regulaciones, formas de competir en el mercado y hasta el mismo comportamiento de la sociedad. Dichos cambios pueden verse como amenazas o como oportunidades.