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¿Son los operadores inmobiliarios una especie en extinción?

¿Son los operadores inmobiliarios una especie en ext...

La utilización de sistemas robóticos avanza a gran velocidad en todas las áreas de servicios profesionales, donde diversos procesos repetitivos van siendo automatizados, sin dejar que el corredor inmobiliario sea una excepción.

Autora

giovanna lorenzi

Gerente Senior del Departamento de Asesoramiento Tributario y Legal

KPMG Uruguay

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En la medida que la Inteligencia Artificial es un camino sin retorno, ocupando un espacio cada vez más importante a diario, cabe preguntarse si estos actores del sector inmobiliario que tradicionalmente han ocupado un lugar de importancia a la hora de conectar la oferta y la demanda, serán realmente necesarios en un futuro no tan lejano.

Como es más que sabido, la automatización de procesos y utilización de Inteligencia Artificial se está dando hace varios años a distintos niveles, habiéndose aceptado pacíficamente la idea de automatización en procesos básicos y primarios, lo que ha sustituido al humano en las tareas repetitivas.

En este contexto, ya no es un secreto que, en la actualidad, alineados con los procesos de automatización, un vasto número de prestadores de servicios en el sector inmobiliario están apostando e invirtiendo en innovación y en tecnología blanda que incremente rápidamente la eficiencia de todos los procesos involucrados.

¿Y por qué lo están haciendo?

¿Es un verdadero suicidio en masa al que se someten los profesionales del sector, conscientes de que la utilización a gran escala de tecnología, machine learning mediante, podría poner en riesgo su fuente de ingresos?

Entendemos que no.

La incorporación paulatina de Inteligencia Artificial se está haciendo a conciencia de que, bien hecha, puede posicionar a los operadores inmobiliarios en un sitio de mayor profesionalidad, mitigación de riesgos e incremento de la cartera de clientes.

No estamos hablando solamente de ventajas económicas a corto plazo, derivadas de un menor costo impositivo y de cargas sociales y laborales, sino también de razones de eficiencia y competitividad en un sector que ha sido atacado por una creciente informalidad y por competidores con modelos de negocios basados únicamente en sistemas de software (como es el caso de Airbnb).

Modelos de negocios que, por otra parte, prosperan cada vez más vertiginosamente en un contexto cultural proclive a renunciar al contacto personal en pos de lograr los objetivos más rápidamente o con mayor margen de rentabilidad para las partes involucradas en los negocios, ya sea que estemos hablando de compraventa o de arrendamiento de inmuebles.

¿Cuál sería la lógica de resistirse a la incorporación de un robot que pueda predecir mejor y más rápido las fluctuaciones de precio en el mercado inmobiliario o que pueda predecir más certeramente los patrones de comportamiento tanto de inversores como de vendedores o que pueda estimar con gran margen de acierto los tiempos que llevará concretar las transacciones una vez que el inmueble está en condiciones de ser vendido?

Ninguna.

Tampoco es cierto que, al menos por ahora, estas capacidades y funcionalidades impliquen una sustitución del humano por el robot.

Se trata más bien de una relación de complementariedad.

¿Por qué?

Por el simple hecho de que los sistemas de Inteligencia Artificial no se diseñan por sí mismos, no se alimentan por si mismos ni se auto reparan cuando el daño estructural es grave.

Específicamente, en el área inmobiliaria, ya hay experiencias de utilización de Inteligencia Artificial en la que mediante la utilización de algoritmos y Big Data se reconocen patrones de comportamiento de compradores, vendedores, arrendadores y arrendatarios de inmuebles, permitiendo al operador inmobiliario estandarizar preferencias por ejemplo por el relevamiento de negocios previos, poder adquisitivo de los oferentes o inversores, etc.

Mediante el uso de estas herramientas es más fácil y rápido identificar inversores con capacidad de satisfacer la oferta que llega al corredor.

Se optimiza además en materia de atención al cliente que puede no solo recibir informes estadísticos de las probabilidades de venta o compra de un inmueble en determinada zona, en forma casi instantánea, así como informes sobre costos y demoras de cada transacción que proyecte, sino también ser atendido en sus consultas a través de “chatbots” programados en forma previa para dar respuesta a las interrogantes que se le presenten en cualquier momento del día, sin importar que sea día hábil, inhábil, si es de día o a mitad de la madrugada.

En definitiva, para un operador contemporáneo que ha logrado incorporar la tecnología a su quehacer diario, es cada vez más fácil diseñar los perfiles de clientes detectando cada vez con mayor celeridad y grado de precisión las ofertas adecuadas a su cartera.

Esto, además de una mayor satisfacción del cliente, le permite ajustar a la baja los tiempos involucrados en la concreción de una operación, incrementar el volumen de operaciones todo lo cual, al final del camino, lo conduce a un mayor margen de rentabilidad.

Algo similar está sucediendo en el ámbito de la administración de inmuebles, automatizándose tareas como la de vigilancia de edificios, mantenimiento de áreas comunes, etc.

En efecto, en este sector mediante el uso de tecnología y obtención de datos personales de los propietarios y/o arrendatarios de PH se ha logrado predecir con un alto grado de precisión sus necesidades, minimizando los tiempos de gestión que pueden ser redirigidos a cumplir con otros objetivos.

Ahora bien, el uso de la tecnología a gran escala en la prestación de los servicios en el sector inmobiliario tiene aún un talón de Aquiles y es el hecho que todavía queda una generación que prefiere la atención y el contacto personal, no resultándole amigable un asesoramiento a distancia o a través de medios de comunicación electrónicos o mediante chat bots.

Esta brecha, que tenderá en el futuro a desaparecer, representa hoy un desafío para los operadores inmobiliarios que tienen que tener la flexibilidad suficiente para lidiar con ambos públicos.

Superada esta etapa de transición, parece ser que el contacto personal con los clientes será cada vez menor.

En ese futuro cercano el valor agregado de los operadores inmobiliarios radicará en la calidad del asesoramiento que vendrá de la mano de la fiabilidad de los sistemas de Inteligencia Artificial que utilice.

A menor contacto personal, mayor será la importancia que el mercado dará a la reputación de los operadores, por lo que es lógico concluir que para no dejar de existir en el mundo de los negocios inmobiliarios habrá que invertir en sistemas seguros, fiables y respetuosos de los derechos de los clientes, brindando un asesoramiento experto a medida y ajustado a las necesidades particulares de cada cliente.

Articulo publicado en la edición N°77 de la revista Ciudades.

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