Transformación: el denominador común en 2019 | KPMG en México
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Transformación: el denominador común en 2019

Transformación: el denominador común en 2019

Por Víctor Esquivel

El que recién inicia será un año complejo, marcado por presiones como el alza de tasas en Estados Unidos, cuya economía ha alcanzado casi una década de crecimiento, el periodo más largo de la historia reciente, y lapsos como este no son permanentes. En este sentido, desde las últimas jornadas bursátiles de 2018 comenzaron a percibirse factores que podrían apuntar hacia un ciclo de disminución en el ritmo de crecimiento de la economía global en los próximos años.

 

Con la llegada de la Cuarta Revolución Industrial, la palabra “transformación” está cada vez más presente en el entorno geopolítico y económico, retando a las naciones, gobiernos, instituciones y empresas a gestionar la incertidumbre y adaptarse a las novedades tecnológicas, dando paso a una nueva fase de cooperación internacional llamada “Globalización 4.0”.

 

Ante este panorama es comprensible que el tema alrededor del cual girarán las discusiones del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) de este año: “Globalización 4.0: formando una arquitectura global en la Cuarta Revolución Industrial”, cuyo objetivo es llamar la atención sobre la importancia de construir un mejor futuro de forma colaborativa.

 

Por supuesto, México no escapa de las coyunturas globales. En nuestro país, como lo ha demostrado la historia contemporánea, el primer año de cada administración es de desaceleración, debido a que la dirección que tomarán las inversiones del sector público y la propia ejecución de las nuevas políticas requieren tiempo.

 

Sin embargo, en un marco de grandes cambios en las relaciones internacionales, entre los aspectos positivos del inicio de año destaca la consecución, en principio, de un acuerdo comercial renovado con la Unión Americana en la figura del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), lo cual da certidumbre a las industrias de manufactura, automotriz o aeroespacial con respecto al primer semestre de este año.

 

Además, nuevos sectores como el de servicios financieros o comercio electrónico también han sido incluidos en el T-MEC, lo cual da perspectivas optimistas para 2019, a la par de factores como el consumo interno, aunque aún esté pendiente de evaluarse el impacto de las primeras políticas públicas, como el incremento de salarios en la frontera junto con la disminución de la carga tributaria, así como el planteamiento de redireccionar el gasto público, lo cual sin duda incentiva la economía por lo menos a corto plazo.

 


Evaluar el impacto de las transformaciones

Entre los proyectos de carácter social que despiertan mayor interés destaca el plan de incorporar a millones de jóvenes a la fuerza laboral de las organizaciones como becarios; se trata de un programa que guarda un impacto potencial benéfico para el mercado interno y que contribuirá a la demanda de talento que hoy tienen las empresas, entablando un diálogo multifactorial basado en los intereses de distintos grupos involucrados.

 

Dadas estas condiciones contrastantes, el sentimiento generalizado es de incertidumbre; sin embargo, aún es pronto para tomar definiciones determinantes; por el contrario, es momento de que las empresas prevean las implicaciones que tendrán en su operación los cambios administrativos y regulatorios que son ya una realidad, llevando a cabo la planificación que les permita aprovecharlas en favor de su negocio, confiando en el marco institucional que México ha construido a lo largo de su historia y teniendo en cuenta que atender los grandes retos locales y globales requiere esfuerzos colaborativos entre empresas, gobierno y sociedad civil.

 

Aprovechar las oportunidades

Vivimos una época de transformación e incertidumbre generada por factores internos y externos a las organizaciones, en un mundo modelado por narrativas en ocasiones contrapuestas. No obstante, en la medida en que hay cambios también se presentan oportunidades.

 

En el mundo de los negocios, las decisiones de inversión se tienen que tomar, dado que, cuando se presentan, las coyunturas positivas pueden no volver a repetirse. Para aprovecharlas, desde luego, hay que considerar los riesgos asumiéndolos de forma controlada y trabajar hombro con hombro con miras hacia un futuro compartido.

 

Las organizaciones que pongan en marcha sus planes de negocio bajo estas consideraciones podrán aprovechar las ventajas competitivas que surjan de ello capitalizando factores como el capital humano con el que cuentan, el impulso demográfico, el consumo interno o la inversión pública, que desatarán distintas inercias positivas para el sector privado en México.
 

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