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Los desafíos de la banca para la poscrisis

Los desafíos de la banca para la poscrisis

El sector financiero mundial puede afrontar los efectos de la actual crisis gracias a su solvencia y liquidez, aunque se observa un aumento de la morosidad. Digitalización, sostenibilidad e inversiones componen la agenda del futuro. Cómo está preparado el sistema argentino frente a los desafíos que impone la transformación tecnológica del negocio.

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Madrid / Buenos Aires, 14 de agosto de 2020 / KPMG. A nivel mundial, la crisis producida por la pandemia del COVID-19 encontró al sistema financiero con una buena y holgada situación de solvencia y liquidez producto, básicamente, de las medias tomadas y llevadas a cabo después del impacto sufrido en la anterior crisis financiera y económica de 2008. Además, en este contexto los gobiernos están apostando a la banca como herramienta clave para canalizar las distintas ayudas que se están implementando.  De esta manera, a diferencia de la crisis anterior, el sistema es percibido como una parte importante de la solución más que como el problema. Se espera que esta crisis sea temporal y por ello cabe la pregunta: ¿qué va a ser de los bancos una vez superados los efectos de la crisis actual?

No se puede ser del todo optimista si se piensa que el mayor problema actual de la banca es la rentabilidad y que una de sus causas fundamentales son los bajos tipos de interés. Si antes del COVID-19 ya existían grandes dudas acerca de que las autoridades monetarias adoptaran políticas que conllevaran a un incremento de los tipos de interés, en un entorno como el actual y el que se prevé después de la crisis, no parece nada factible que lo hagan”, opina Julio Álvaro Esteban, Socio en KPMG España. Agrega luego que “deberá reponerse del efecto en rentabilidad y solvencia que esta crisis le está suponiendo. Como mayor exponente de esto, ya estamos viendo que la morosidad está repuntando y lo va a hacer aún más y, aunque algunas de las medidas adoptadas por los poderes públicos pueden atemperar en alguna medida el impacto, el efecto sobre la morosidad, como sucede en todas las crisis económicas, terminará siendo relevante. Parece claro que el no reparto de dividendos, impuesto por los reguladores o adoptado voluntariamente por las entidades, no va a paliar totalmente la disminución de capital regulatorio y será necesario disponer de una parte de los “colchones” de capital creados para afrontar situaciones de crisis”.

No obstante, algunas de las claves de la recuperación de la banca están relacionadas a los siguientes temas, que serán todos ellos determinantes cuando el sector pueda verse fortalecido y contar con una imagen pública mejorada.

  • Digitalización. Los bancos ya habían realizado grandes inversiones en esta materia. Pero la situación provocada por el COVID-19 ha acelerado la transformación digital de los clientes, tanto de las personas como de las corporaciones. Esta transformación ha sido reforzada por el confinamiento, que ha hecho que se utilicen mucho más los servicios bancarios online y, sobre todo, los pagos digitales mediante tarjeta o transferencia.  Ahora que esos servicios han generado una experiencia positiva, en general, los bancos tienen una gran ocasión para consolidar y fomentar la digitalización entre sus clientes, realizando nuevas inversiones para aumentar sus servicios y capacidad de respuesta, y para corregir aquellos aspectos que se han manifestado como mejorables. Este proceso de digitalización es una posible fuente de ahorro de costos a mediano y largo plazo. No obstante, esta crisis está poniendo de manifiesto que conlleva riesgos de seguridad informática (ciberseguridad), que son más importantes de lo que se había considerado hasta ahora. Un ejemplo, son los ataques de phishing y smishing que han aumentado en estos días y que requerirán de nuevas inversiones en el ámbito de la ciberseguridad.
  • Una banca más sostenible. Los bancos son absolutamente conscientes de que su papel debe ser más activo en la gestión de los riesgos medioambientales y de otros que amenazan la sostenibilidad de la economía, y que deben buscar oportunidades, tanto de inversión como de captación de recursos, en un mercado financiero más sostenible, adaptando para ello sus modelos de negocio. Con esta crisis, se ha añadido (o se ha potenciado) un riesgo que amenaza nuestras vidas y nuestra salud y economía, como es el riesgo de pandemias como la que trajo consigo el COVID-19. Las lecciones de esta crisis deberán incorporarse a esos modelos de negocio sostenibles.
  • Inversión. La última de las posibles palancas de crecimiento, aunque no la única, es el enfoque de las inversiones de los bancos en aquellas empresas y sectores que apunten a los pilares de lo que se está empezando a denominar “Nueva Economía” después del COVID-19. Como en todas las crisis, surgirán nuevos “campeones” que mantendrán o ganarán en competitividad. Algunos ejemplos serán las empresas dedicadas a nuevas tecnologías ligadas a la economía digital, aquellas que se dedican a la prevención, tratamiento o a paliar los efectos de las crisis sanitarias, y aquellas que se vean favorecidas por la orientación de la política económica, tanto nacional como europea.

La banca argentina

En el caso del sistema financiero argentino, las entidades continuaron mostrando condiciones de estabilidad financiera y el nivel de transaccionalidad sigue operando sin interrupciones, manteniendo el cumplimiento de los márgenes de liquidez y solvencia. Además, distintas disposiciones del Gobierno y reglamentaciones relacionadas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) pusieron foco en facilitar el acceso al financiamiento por parte de las MiPyMEs y estimular el ahorro, instrumentando asimismo medidas de regulación del tipo de cambio tendientes a contener la depreciación del peso.

La profundidad de la actividad de intermediación financiera siguió su tendencia a la baja mientras que la morosidad de la cartera muestra un incremento, principalmente a partir del comienzo del segundo trimestre del año, lo cual resulta un efecto inevitable derivado de una actividad económica fuertemente impactada como consecuencia del aislamiento establecido a partir del COVID 19. Así, la irrecuperabilidad de la cartera de créditos del sector privado llegó al 5,3% en el total del sistema financiero para el 31 de marzo de 2020 y 7,7% para el caso de los bancos públicos, mientras que ese ratio era del 4% en la misma fecha pero del 2019.[1]

“El mercado financiero global ha reaccionado rápidamente ante los efectos de la pandemia del COVID-19 con herramientas y tecnologías innovadoras, acelerando su proceso de transformación. El mercado financiero argentino está transcurriendo los impactos de la pandemia reflejando robustez ante este contexto de crisis, sin que se hayan discontinuado las transacciones y habiendo adoptado nuevas soluciones tecnológicas no sin menor esfuerzo e inversión, teniendo en cuenta el bajo nivel de profundidad de la banca móvil hasta antes del COVID-19. El camino recorrido es importante, la morosidad de la cartera –fundamentalmente en lo relacionado con la banca corporativa– va a tener sin duda un impacto significativo en la rentabilidad de los bancos, tal como se está observando en el resto del mundo. En este contexto, la definición de estrategias claras y orientadas a la transformación y a la experiencia del cliente de la mano de reducción de costos, es la clave”, explica Maria Gabriela Saavedra, Socia Líder de Servicios Financieros de KPMG Argentina.

De manera consistente con lo indicado para la banca europea, los avances hacia la transformación tecnológica del negocio de las instituciones financieras -orientada hacia un mejor servicio al cliente bancario y una profundización de la intermediación y de los medios de pago– se convierten en un aspecto imprescindible para un mercado financiero resiliente.

Como parte de ese proceso de transformación se genera un ecosistema bancario y tecnológico que se percibe finalmente en un ambiente colaborativo. Las inversiones se enfocan en soluciones tecnológicas, no sólo tendientes al desarrollo de nuevos productos y servicios adaptados a las necesidades actuales, sino también a la prevención de eventos de seguridad que agreguen vulnerabilidad al mercado.

Billeteras virtuales, on-boarding digital, desarrollo de medios de pago contact–less se agregaron rápidamente, no sólo a las agendas de los bancos tradicionales, sino también a sus planes operativos, incluso en el caso de instituciones financieras públicas que han mostrado históricamente mayor dificultad ante el cambio dada su amplia red de distribución geográfica y diversidad de cartera de clientes. La agilidad para la adecuación de modelos de atención y de acondicionamiento de productos financieros ante las nuevas necesidades de la banca local constituyen un factor diferencial, distinguiendo los bancos que sortean los efectos del COVID-19 de manera exitosa, de aquellos que apenas lograrán mantenerse en el mercado.

En este contexto, tampoco debe dejarse de lado la sustentabilidad de los modelos propuestos: las organizaciones que mejor adapten su nueva metodología de trabajo y prestación de servicios, preservando la salud y la integridad de empleados y clientes, asegurarán el desarrollo sostenido de sus negocios. Las políticas de sustentabilidad también ganan terreno en el mercado local y dejan de ser tan sólo una tendencia para convertirse en un elemento clave de cualquier estrategia.

 

[1] Informe de Estabilidad Financiera del BCRA, Primer Semestre 2020 http://www.bcra.gov.ar/PublicacionesEstadisticas/IEF%200120.asp

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